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¿Sabías qué ...?

 

Sigue las últimas recomendaciones de pediatras y podólogos especialistas:


(1) El tobillo: Si es bota o zapato muy alto, llega a impedir el movimiento natural del tobillo (articulación tibio-peroneo-astragalina). Al caminar debemos tener libre dicha articulación. En el caso de niños pequeños que todavía gatean, o que unos ratos gatean y otros ya se empiezan a poner de pie y caminar, también es importante dejar libre el juego del tobillo ya que su posición varía mucho según vayan a cuatro patas o de pie y que si lleva botita sea blanda. 

            Con un calzado que fije el tobillo dificultaremos su forma natural de desplazarse: A veces lo que se pretende con ese tipo de bota dura es dar mayor estabilidad a la marcha (de por sí inestable) de un niño que comienza a andar. Si la madurez corporal (equilibrio, fuerza, solidez de sus huesos y demás estructuras, etc.) de un niño le permite estar de pie y caminar sólo unos minutos, es un error intentar darle una estabilidad artificial –por medio de un zapato duro y con el contrafuerte excesivamente alto- para que pueda andar más tiempo. Con las botas y zapatos rígidos el niño estará incómodo en cualquier otra postura que no sea estar de pie, y en esa etapa su forma natural de moverse es reptar, gatear, e ir poniéndose de pie y empezar a andar poco a poco, conforme su evolución se lo vaya permitiendo. De igual forma están ya en desuso los andadores (tacatás) porque fuerzan al niño a estar en una postura que por su edad (o su desarrollo corporal) aún no le corresponde y a desplazarse de una forma extraña.

            Para quien piense que el tobillo del niño de un año es débil y debe reforzarse, resulta que aún le debilitaremos más si le acostumbramos a llevar un armazón que lo sujete: lo que mantiene la estabilidad del tobillo son en primer lugar los músculos y después los ligamentos. Estaremos en un error si por mantener intactos los ligamentos (que el niño no se tuerza el pie) lo que hacemos es anular la importante acción muscular, llevando un calzado que impide el movimiento.

            Conclusión: el zapato debe llegar hasta debajo de los maleolos (los huesos laterales del tobillo) o si es una bota, debe ser lo suficientemente flexible como para permitir el movimiento completo de la articulación del tobillo.


(2) La suela. Si la suela del zapato es rígida, no permitirá que haya movimiento en la parte anterior del pie (articulación de los dedos, metatarsofalángica). Si nos fijamos en cualquier persona cuando camina descalza, el pie no se mueve en bloque sobre el suelo, sino que se dobla, se articula en la base de los dedos sobre todo en dos momentos durante cada paso: justo antes de apoyar  el pie en el suelo (final de la fase aérea del paso) y aún más en el momento de separarse del suelo tras el apoyo (fase de despegue). Los dedos pues colaboran con su movimiento de flexión y extensión durante la marcha, por lo que es absurdo eliminar su función.

            Por otra parte, si la suela es gruesa y rígida el niño se pierde toda una serie de estímulos y sensaciones que debe percibir del suelo (por ejemplo las irregularidades) y que le ayudarán a desarrollar sus reflejos, destreza y equilibrio.

            A veces las suelas de los zapatos infantiles son tan gruesas y rígidas que parecen más de una bota de escalada o militar, que de un calzado para una persona de corta edad cuyos desplazamientos son dentro de una casa, o en la escuela, o de un sitio a otro en una ciudad asfaltada y sin obstáculo alguno.

            Conclusión: es imprescindible dejar que la zona anterior del pie se mueva con libertad mediante una suela flexible.



(3) Las plantillas y el puente. En ocasiones (por ejemplo en zapatillas de deporte) la plantilla del zapato intenta con su forma mantener la bóveda del pie (arco interno plantar) como para evitar el pie plano. Ya existen en el pie estructuras (músculo-tendinosas y ligamentos) encargadas de formar y mantener la bóveda plantar.

            Todos los niños antes de empezar a andar tienen un pie plano fisiológico normal. Es más adelante con la puesta en pie y la marcha cuando se empieza a formar la bóveda plantar, gracias a la acción muscular (tibial anterior, flexor corto plantar, aductor del primer dedo). Si ya la bóveda es mantenida artificialmente por el calzado, estaremos inhibiendo la acción de esas fibras músculo-tendinosas cuya misión es sostener el arco del pie.

            Conclusión:la plantilla del zapato debe ser plana y flexible, sin puente.


Los pies de tus hijos


Te contamos en esta sección todo lo que debes saber sobre los pies de tus niños:

- La planta del pie es plana y permanece así hasta los tres años, pero su sensibilidad es superior a la de sus manos.

- Es importante observar al niño mientras juega o camina, para detectar posibles anomalías.

- Conviene consultar a un pediatra periódicamente, ya que sólo el especialista podrá hacer un diagnóstico adecuado y plantear la solución oportuna, llegado el caso.

- El uso del calzado de mala calidad favorece también este problema, ya que los pies no transpiran correctamente y el tejido que rodea a la uña puede reblandecerse.

- La medida del zapato debe ser la correcta, ya que uno de tamaño equivocado hará que el niño adopte posturas forzadas.

- Para favorecer la transpiración, sus calcetines deben de ser de hilo, lana o algodón.

- Cada niño imprime al zapato su propia forma de caminar y lo deforma de un modo diferente. Por eso, nunca deben pasarse los zapatos de un niño a otro. Las situaciones en que se heredan zapatos de hermanos, familiares o amigos son desaconsejables porque cada niño tiene una pisada distinta y provoca un desgaste diferente. Ello afecta al siguiente niño que lo utilice, al apoyar su pie sobre zonas que no se adaptan a su morfología.

- Confía en la seriedad de una marca especialista que garantice al niño un calzado adecuado a su momento de desarrollo y a la actividad que realiza.

- Y recuerda que los zapatos deben de dejar crecer sus pies de forma natural

El pie de nuestros hijos no es una versión en pequeño de los pies de los adultos. Al ser una parte esencial de su cuerpo en evolución, requiere muchos cuidados y una especial atención para asegurar un crecimiento sano. El pie del niño no se desarrolla totalmente hasta los 3 años, por ello, desde que comienzan a gatear y a ponerse en pie es muy importante que cuidemos sus primeros pasos con el calzado más adecuado. Más adelante, a medida que vayan creciendo ya irán realizado prácticamente las mismas actividades que nosotros y han de contar con el zapato necesario para cada momento.

Por todo ello, en Pisamonas, hemos realizado una minuciosa selección de zapatos para tus hijos, eligiendo entre los mejores proveedores españoles para ofrecerte una gran selección de diseños, acabados y colores de los zapatos de siempre, los de más éxito que todas buscamos.


Elegir bien su calzado

 

El uso de un calzado con hormas y materiales inadecuados puede ser el origen de una gran parte de los problemas de los pies (juanetes, callos, hongos, pie de atleta…). Es muy importante elegir el calzado con cabeza, pensando en lo mejor para los pies de nuestros niños. Nuestros consejos pueden servir para mantener sus pies sanos.

- Las costuras y las uniones deben estar bien acabadas.

- Persigue precios competitivos pero sin llegar a escatimar en calidad. Compre un calzado bueno que permita a la piel transpirar adecuadamente. Lo mejor es que esté fabricado con materiales naturales, que permitan una buena transpiración.

- Ten disponibles varios pares de zapatos que pueda ir alternando, pues no es bueno usar el mismo par durante mucho tiempo. Cuídelos y mantenga unos buenos hábitos de higiene.

- En el niño que camina el zapato sigue cumpliendo una función de abrigo. Escoged materiales que calienten y aíslen de la humedad para el invierno y otros más frescos para el verano.

- Las irritaciones de la piel pueden aparecer al estrenar un par de zapatos nuevos o como consecuencia de un mal ajuste.

- Debe usarse la talla adecuada para el niño, no es bueno para el desarrollo de su pie y de sus movimientos que le venga muy grande ni pequeño. Es bueno que le sobre un pelín, mejor que ser demasiado pequeños, pero sin pasarse.

- Se aconseja cambiar los zapatos antes de que los dedos del niño hagan presión contra el frente del zapato. En los primeros años de vida esto suele ser necesario cada pocos meses.